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Para celebrar estas fallidas rebajas de verano como Crom manda, el colectivo Ropa Negra Normal Ya Andy Warhol Sabía Lo Que Hacía (movimiento apartidista y descerebrado, formado por la Sra. Milton, su gato criptofascista y quien quiera apuntarse, que el negro le sienta bien a todo el mundo) os invitan a visionar  un par de documentales sobre esa gran fábrica de sueños, explotación, glamour, envidias, elegancia y anorexia (y dinero, mucho dinero) que es la industria de la moda.

The September Issue  (RJ Cutler, 2009): un documental bastante entretenido sobre el cierre del VOGUE de septiembre de 2007, tochaco de casi 300 páginas y dos kilos y medio de peso, con el que ese pedazo de arpía que es Anna Wintour pretendía lavar su imagen después del fiasco de The Devil wears Prada (peli esta que hace buena a la segunda parte de Conan, no os digo mas)

A los maqueta/moquetadores, pipas de redacción y otras monos voladores del mundo de la edición en couche  seguramente no les dirá nada nuevo, pero si sois legos, fashionistas y tenéis  curiosidad por ver cómo funciona una revista de moda por dentro si que os resultará interesante. Decepciona un poco la escasa presencia de Los Grandes Olvidados (sector maqueta-corrección, para entendernos) pero por lo demás, se deja ver muy bien y desmonta de paso un par de mitos sobre la revista femenina mas famosa del mundo. Podéis descargarlo aquí en VOSE.

Maquilápolis (Vicky Funaris/Sergio de la Torre, 2006) menos chic que el anterior, pero mucho más interesante; este documental nos enseña, a través del día a día de Carmen y Lourdes trabajadoras en una maquila de Tijuana, la otra cara de la fashion-industry, la que no sabe quien es Christian Louboutin y trabaja 10-12 horas al día en una fábrica asquerosa. Imprescindible, podéis verlo online o descargarlo desde aquí.

Acaba de caer en mis manoplas el catálogo de la exposición tridimensional Carnaby street 1960-2010, un bombón que los afortunados que estén en Londres podrán ver en el nº 38 de la famosa calle (+info).

En la expo repasan la historia de la calle desde su construcción en 1590 hasta la actualidad, pasando por supuesto por su etapa de máximo auge en los 60 y repasando sus locales emblemáticos:  Vince Man´s shop, Roaring 20´s Night Club (dirigido por el jamaicano Count Suckie, con Daddy Vego a los platos  pinchando ska del bueno ya en 1961), The Great frog, I Was Lord Kitcheners’ Valet (donde se compraban ropa los Who)… Una maravilla, ilustrada con fotos de Philip Townsend y con un montaje que promete ser espectacular.

El catálogo es una joya, si podeis, no dudeis en haceros con él.

Hace un par de años, cuando todavía vivía en comuna cerca de Malasaña, decidimos celebrar la Nochevieja con una fiesta de disfraces. El tema era el cine clásico y como hacíamos la fiesta en mi casa y tenía que ocuparme de la bebida, las sillas, el hielo y demás historias, necesitaba un disfraz resultón pero cómodo y facil de hacer, así que me decidí por Jeanne Seberg en À bout de souffle cuando sale repartiendo periódicos. Me compré una camiseta blanca y con todo el cariño copié el logo del falso periódico y Apocalypso, que es muy manitas para esas cosas, me hizo un stencil para estampar la camiseta, por delante y por detrás.

Quedó clavadita a la de la foto, y como soy muy fan del look de la Seberg en ésta peli me la ponía muchas veces para ir a trabajar. No había visto a nadie con una igual y un par de chicas me llegaron a preguntar dónde la había comprado, estaba francamente orgullosa de mi camiseta, vaya.

Tengo la costumbre de bajarme del metro una parada antes de la que me corresponde cuando estoy volviendo a casa, para dar un paseo. Cuando vivía en Malasaña me bajaba en Alonso Martínez y atravesaba toda la zona de tiendecillas modernas antes de llegar a casa. La ruta habitual solía ser Sagasta, Glorieta de Bilbao y Espíritu Santo hasta San Bernardo. Creo que he tomado éste camino cerca de un millón de veces para volver a casa, muchas de ellas con la dichosa camiseta puesta.

Hacía tiempo que no pasaba por allí, en parte porque ahora vivo algo lejos y en parte porque ver escaparates con la cuenta corriente vacía me resulta una tortura insoportable, pero el otro día tenía tiempo y decidí dar un paseo por la zona, para enterarme de los últimos alaridos de la moda y compadecer al desfile de anoréxicas que vaga por allí esperando que les saquen en el NEO2. Y en el escaparate de una de las malditas boutiques modernoides vi MI CAMISETA.

Bueno, siendo justos, el trapo que tenían allí colgado era una burda imitación de mi querida camiseta. De algodón cutre semitransparente, con ESCOTE, manga de esa que deja ver todas las mollas de los brazos, entallada… Y el logo… madre mia, que desastre. Habían cambiado la letra de palo del New York por una Arial Rounded y lo del Herald Tribune no tenía ni nombre, Fette Frankfurt y a tomar por culo, ni siquiera se habían tomado la molestia de aumentar el cuerpo de la H y la T mayúsculas para que se pareciese minimamente al original. Una chapuza en toda regla, que costaba nada mas y nada menos que 30 EURAZOS. El coste total de MI CAMISETA, incluyendo el acetato y el bote de spray  fué de 10 euros de nada.

Me entraron ganas de entrar y ponerles a caldo, porque aunque no me deban derechos de autor por la idea ni mucho menos, lo mínimo que podían haber hecho es copiarla como Crom manda. Y que quereis que os diga, la posibilidad de una horda de modernas uniformadas con MI CAMISETA me pone los pelos como escarpias. Como me encuentre por ahí a alguna zafia con las tetas operadas, cinturón de cadenas y MI CAMISETA puesta, se la arranco a mordiscos, vive Dios. 

Ahora estoy pensando en hacerme una como la que llevan los malos del instituto de El vengador tóxico, que es chulísima. Lleva el logo del gimnasio de la película, Troma Health Club en Cooper Black mayúsculas estampado en el pecho, en azul celeste para hombre y rosa para mujer (aunque la Sra. Milton no es muy fan del rosa y llevará puesta casi seguro la versión macho). Me imagino que como la referencia cinéfila es bastante más oscura y Toxie menos estiloso que Jean Seberg esta no me la copiará nadie.

De todas maneras, si alguno/a de vosotros, queridos lectores, está interesado en alguno de estos dos modelos Made in Milton Island estoy más que dispuesta a haceros yo misma las camisetas por un módico precio. Garantizo calidad y sobre todo, fidelidad al modelo original. Y que vuestro dinero no irá a parar a manos de unos malditos plagistas de tres al cuarto.