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Más autobombo feminista Otra ilustración para Pikara magazine, esta vez para acompañar un precioso manifiesto de Cris Dagover sobre discursos pro-sexo y banalización del trabajo sexual. Podéis leerlo aquí

Hoy es 8 de marzo, señoras. Vamos a celebrarlo con buen cine, protagonizado por personas con tetas que intentan ganar dinero, para comer y tal.

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The Killing of Sister George (Robert Aldrich 1968) Después de pasarse años interpretando el papel de la dulce Sister George, June Buckridge, actriz lesbiana en plena cincuentena, ve como su mundo se desmorona cuando la Casa Madre decide matar en directo a su personaje. Estrés modelo PreINEM, soap operas, alcoholismo a la inglesa, monjas acosadas sexualmente, un poco de S/M, y una escena en un bar lésbico, que es tan bonita que dan ganas de morirse, Peliculón. Podéis descargaros el torrent aquí, y los subtitulos en español aquí.

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La cérémonie (La ceremonia, Claude Chabrol, 1995) En palabras del propio Chabrol, en su linea cachonda y juguetona, la última película marxista. Alienación, trabajo doméstico, amistad femenina, oscuros secretos, burguesía caricaturesca y mezquina y una poderosa moraleja: subestimar a la gente puede ser un tremendo error. Torrent con subtítulos en español, aquí.

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Un collage para ilustrar un recuerdo personal, la idea se me ocurrió con la convocatoria queer noventera de Una buena barba (fanzine que os recomiendo encarecidamente) me hubiese gustado presentarla, pero bueno, tarde mal y nunca.

Me acuerdo como si fuese ayer, era un día de primavera de 1994. Hacía muy buen tiempo, cosa rara en Oviedo, y decidí dejar pasar mi parada de autobús y dar un paseo hasta casa, así que acompañé a mi amiga Verónica hasta su portal, y cuando me di la vuelta para seguir hacia Silla del Rey me tropecé con aquello.

LA POTENCIA SIN CONTROL NO SIRVE DE NADA

Madre del amor hermoso

LA POTENCIA SIN CONTROL NO SIRVE DE NADA

No podía creer lo que veían mis ojos. ¿Cómo era posible que aquella cosa tan increíblemente sexy existiese siquiera? ¿De dónde había salido? Y estaba allí, en medio de la calle, como si nada pasase, con sus zapatos de tacón, aquel cuerpazo que parecía de metal, la mirada torva, a punto de salir corriendo… Y encima era enorme!

Creo que estuve no menos de cuarto de hora mirándolo allí plantada con la boca abierta. Lo único que quería en aquel momento era montarme en aquella revelación con tacones antes de que empezase a correr y salir de allí sin volver la vista atrás, recorrer el mundo sobre mi Carl Lewis gigante, y quizás disminuirlo de alguna manera, con los tacones, en momentos puntuales. Estaba claro que los zapatos eran importantes, ya había visto fotos suyas y nunca me había dicho absolutamente nada, pero subido a aquello la cosa cambiaba radicalmente.

Mientras subía hacia casa iba pensando, ¿por qué los hombres no se ponían nunca zapatos de tacón? Estaba claro que les quedaban bien, ahi teníamos a un Carl Lewis de mas de tres metros para demostrarlo ¿por qué en la calle no había tipos como ese, aunque fuesen de tamaño normal? ¿Pirelli repartiría calendarios en los talleres con la foto de Carl Lewis? ¿Podría conseguir uno?

Y así fue cómo me aficioné a la fotografía de moda, a los paseos camino a casa, a las discusiones sobre género y a los hombres con tacones. ¡Gracias Carl!

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Se han dicho muchas cosas de esta película, y casi ninguna buena. Desde la Isla de Milton, me gustaría romper una lanza a favor de esta obra maestra incomprendida, que en mi opinión, es totalmente reivindicable desde una perspectiva feminista y una crítica brillante y descarnada al papel de la mujer en la sociedad occidental, veamos por qué.

Todos los fans de Verhoeven admiran su sentido de la ironía, su particular tratamiento de la violencia y el distanciamiento emocional con sus personajes cuando dirige cine de acción o histórico. Escenas como la presentación en sociedad del ED-209 en Robocop o los anuncios concienciando a la población en Starship Troopers, se celebran merecidamente como una crítica salvaje al status quo en toda su crudeza hortera, introducidas hábilmente en una película mainstream.

Aunque nadie duda de que el enfoque kistch del discurso de Schwarzenegger hablándose a si mismo con una toalla en la cabeza y las naves, uniformes y proclamas de Rico y los suyos es totalmente intencionado, el espectador medio de Showgirls (y casi por extensión de cualquier película de Verhoeven en la que salgan tetas, de Instinto Básico hablaremos otro día), tiende a tomarse la película totalmente en serio, sin tener en cuenta en ningún momento la mala hostia y la crítica social implícitas, marcas de la casa del director holandés de las que Showgirls anda más que sobrada.

Al situar la acción en el peor de los escenarios posibles (clubes de striptease  y espectáculos de dudoso gusto de Las Vegas, perfectamente comparables a la vorágine de la guerra interplanetaria de Starship Troopers) Verhoeven puede prescindir de sutilezas y despojar ciertas actitudes patriarcales, y por extensión la idea de macho triunfador, de toda posible elegancia y justificación dentro de un contexto social. Por supuesto, juega todas sus cartas y no se corta un pelo.

Un buen ejemplo podría ser la mítica escena de la prueba de baile y los cubitos de hielo, que termina con Nomi saliendo espantada tras escuchar la siguiente perla:

“Yo estoy erecto, ¿por qué no estas erecta tú?”

No se vosotros, pero yo aquí lo que veo es el equivalente verhoveriano al ” ¿Cuántos años tienes?, ¿Piensas quedarte embarazada?” de tantas entrevistas de trabajo, o al “Diles a las becarias de almacen, esas que cargan más cajas que un mozo de mudanzas, que se pongan taconin, que aquí trabajamos en moda” situaciones socialmente aceptadas en mayor o menor grado, que se exponen aquí sin ningún tipo de máscara, con las tetas al aire y los cubitos de hielo en la mano.

Encontramos el mismo tono paródico, la misma caricatura cruel rebozada en glitter a lo largo de toda la película: el bailarín paternalista que acaba con las manos pringadas de sangre menstrual, la competitividad salvaje entre showgirls, la clara denuncia a la cosificación del lesbianismo mediante ¡una conversación sobre comida para perros!, el desprecio a la maternidad, la mamada como medio de promoción laboral… Todo esto aderezado con números de baile salidos de un sueño húmedo de Jose Luis Moreno, señoras que guardan la cocaína en anillos, piscinas con palmeras de neón, música horrorosa y gente viviendo en cuchitriles construidos al lado de esfinges de plexiglas.

Mención aparte merece el tratamiento de los personajes masculinos, desde el triunfador plastificado e insensible (brillante Kyle MacLachlan en su papel de cocainómano abotargado) a la grotesca y ultravi0lenta estrella de la canción que recurre a sus esbirros para consumar una violación.

Resumiendo, un peliculón. Una prima hermana de Baise-moi hecha con pasta, ácida, divertida, contundente y enormemente crítica. Un golazo por la escuadra de Verhoeven a la industria de Hollywood (así le fue por otra parte).

Podéis descargar aquí el torrent de la versión dual español/ingles y los subtítulos aquí.

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Una pequeña selección de ilustraciones para Pikara Magazine.

De arriba a abajo: Este tío no me folla bien, El monstruo de la Quemadillas, El crimen de El Salobral y Porno para mamás. Mi favorita es esta última, que ilustra un artículo sobre la sonrojante trilogía de las Sombras de Grey. Es una gozada trabajar con estas chicas, ya podían ser todos los encargos así.