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Se han dicho muchas cosas de esta película, y casi ninguna buena. Desde la Isla de Milton, me gustaría romper una lanza a favor de esta obra maestra incomprendida, que en mi opinión, es totalmente reivindicable desde una perspectiva feminista y una crítica brillante y descarnada al papel de la mujer en la sociedad occidental, veamos por qué.

Todos los fans de Verhoeven admiran su sentido de la ironía, su particular tratamiento de la violencia y el distanciamiento emocional con sus personajes cuando dirige cine de acción o histórico. Escenas como la presentación en sociedad del ED-209 en Robocop o los anuncios concienciando a la población en Starship Troopers, se celebran merecidamente como una crítica salvaje al status quo en toda su crudeza hortera, introducidas hábilmente en una película mainstream.

Aunque nadie duda de que el enfoque kistch del discurso de Schwarzenegger hablándose a si mismo con una toalla en la cabeza y las naves, uniformes y proclamas de Rico y los suyos es totalmente intencionado, el espectador medio de Showgirls (y casi por extensión de cualquier película de Verhoeven en la que salgan tetas, de Instinto Básico hablaremos otro día), tiende a tomarse la película totalmente en serio, sin tener en cuenta en ningún momento la mala hostia y la crítica social implícitas, marcas de la casa del director holandés de las que Showgirls anda más que sobrada.

Al situar la acción en el peor de los escenarios posibles (clubes de striptease  y espectáculos de dudoso gusto de Las Vegas, perfectamente comparables a la vorágine de la guerra interplanetaria de Starship Troopers) Verhoeven puede prescindir de sutilezas y despojar ciertas actitudes patriarcales, y por extensión la idea de macho triunfador, de toda posible elegancia y justificación dentro de un contexto social. Por supuesto, juega todas sus cartas y no se corta un pelo.

Un buen ejemplo podría ser la mítica escena de la prueba de baile y los cubitos de hielo, que termina con Nomi saliendo espantada tras escuchar la siguiente perla:

“Yo estoy erecto, ¿por qué no estas erecta tú?”

No se vosotros, pero yo aquí lo que veo es el equivalente verhoveriano al ” ¿Cuántos años tienes?, ¿Piensas quedarte embarazada?” de tantas entrevistas de trabajo, o al “Diles a las becarias de almacen, esas que cargan más cajas que un mozo de mudanzas, que se pongan taconin, que aquí trabajamos en moda” situaciones socialmente aceptadas en mayor o menor grado, que se exponen aquí sin ningún tipo de máscara, con las tetas al aire y los cubitos de hielo en la mano.

Encontramos el mismo tono paródico, la misma caricatura cruel rebozada en glitter a lo largo de toda la película: el bailarín paternalista que acaba con las manos pringadas de sangre menstrual, la competitividad salvaje entre showgirls, la clara denuncia a la cosificación del lesbianismo mediante ¡una conversación sobre comida para perros!, el desprecio a la maternidad, la mamada como medio de promoción laboral… Todo esto aderezado con números de baile salidos de un sueño húmedo de Jose Luis Moreno, señoras que guardan la cocaína en anillos, piscinas con palmeras de neón, música horrorosa y gente viviendo en cuchitriles construidos al lado de esfinges de plexiglas.

Mención aparte merece el tratamiento de los personajes masculinos, desde el triunfador plastificado e insensible (brillante Kyle MacLachlan en su papel de cocainómano abotargado) a la grotesca y ultravi0lenta estrella de la canción que recurre a sus esbirros para consumar una violación.

Resumiendo, un peliculón. Una prima hermana de Baise-moi hecha con pasta, ácida, divertida, contundente y enormemente crítica. Un golazo por la escuadra de Verhoeven a la industria de Hollywood (así le fue por otra parte).

Podéis descargar aquí el torrent de la versión dual español/ingles y los subtítulos aquí.