Hace un par de años, cuando todavía vivía en comuna cerca de Malasaña, decidimos celebrar la Nochevieja con una fiesta de disfraces. El tema era el cine clásico y como hacíamos la fiesta en mi casa y tenía que ocuparme de la bebida, las sillas, el hielo y demás historias, necesitaba un disfraz resultón pero cómodo y facil de hacer, así que me decidí por Jeanne Seberg en À bout de souffle cuando sale repartiendo periódicos. Me compré una camiseta blanca y con todo el cariño copié el logo del falso periódico y Apocalypso, que es muy manitas para esas cosas, me hizo un stencil para estampar la camiseta, por delante y por detrás.

Quedó clavadita a la de la foto, y como soy muy fan del look de la Seberg en ésta peli me la ponía muchas veces para ir a trabajar. No había visto a nadie con una igual y un par de chicas me llegaron a preguntar dónde la había comprado, estaba francamente orgullosa de mi camiseta, vaya.

Tengo la costumbre de bajarme del metro una parada antes de la que me corresponde cuando estoy volviendo a casa, para dar un paseo. Cuando vivía en Malasaña me bajaba en Alonso Martínez y atravesaba toda la zona de tiendecillas modernas antes de llegar a casa. La ruta habitual solía ser Sagasta, Glorieta de Bilbao y Espíritu Santo hasta San Bernardo. Creo que he tomado éste camino cerca de un millón de veces para volver a casa, muchas de ellas con la dichosa camiseta puesta.

Hacía tiempo que no pasaba por allí, en parte porque ahora vivo algo lejos y en parte porque ver escaparates con la cuenta corriente vacía me resulta una tortura insoportable, pero el otro día tenía tiempo y decidí dar un paseo por la zona, para enterarme de los últimos alaridos de la moda y compadecer al desfile de anoréxicas que vaga por allí esperando que les saquen en el NEO2. Y en el escaparate de una de las malditas boutiques modernoides vi MI CAMISETA.

Bueno, siendo justos, el trapo que tenían allí colgado era una burda imitación de mi querida camiseta. De algodón cutre semitransparente, con ESCOTE, manga de esa que deja ver todas las mollas de los brazos, entallada… Y el logo… madre mia, que desastre. Habían cambiado la letra de palo del New York por una Arial Rounded y lo del Herald Tribune no tenía ni nombre, Fette Frankfurt y a tomar por culo, ni siquiera se habían tomado la molestia de aumentar el cuerpo de la H y la T mayúsculas para que se pareciese minimamente al original. Una chapuza en toda regla, que costaba nada mas y nada menos que 30 EURAZOS. El coste total de MI CAMISETA, incluyendo el acetato y el bote de spray  fué de 10 euros de nada.

Me entraron ganas de entrar y ponerles a caldo, porque aunque no me deban derechos de autor por la idea ni mucho menos, lo mínimo que podían haber hecho es copiarla como Crom manda. Y que quereis que os diga, la posibilidad de una horda de modernas uniformadas con MI CAMISETA me pone los pelos como escarpias. Como me encuentre por ahí a alguna zafia con las tetas operadas, cinturón de cadenas y MI CAMISETA puesta, se la arranco a mordiscos, vive Dios. 

Ahora estoy pensando en hacerme una como la que llevan los malos del instituto de El vengador tóxico, que es chulísima. Lleva el logo del gimnasio de la película, Troma Health Club en Cooper Black mayúsculas estampado en el pecho, en azul celeste para hombre y rosa para mujer (aunque la Sra. Milton no es muy fan del rosa y llevará puesta casi seguro la versión macho). Me imagino que como la referencia cinéfila es bastante más oscura y Toxie menos estiloso que Jean Seberg esta no me la copiará nadie.

De todas maneras, si alguno/a de vosotros, queridos lectores, está interesado en alguno de estos dos modelos Made in Milton Island estoy más que dispuesta a haceros yo misma las camisetas por un módico precio. Garantizo calidad y sobre todo, fidelidad al modelo original. Y que vuestro dinero no irá a parar a manos de unos malditos plagistas de tres al cuarto.